Actuar: derribar prejuicios para crecer como persona.

Actuar: derribar prejuicios para crecer como persona.

Actuar: derribar prejuicios para crecer como persona.

Por Julia Risso

 

A los 14 años me anoté en un taller de teatro en Monte, ciudad donde viví hasta febrero de 2013. Duré tres clases. Un montón, ¿no? Sentía mucha vergüenza, y en consecuencia, enojo, porque era el único espacio donde le tenía miedo a la exposición. A veces pienso que esa incomodidad se debía a que: “soy de una ciudad chica, nos conocemos todos”, “los adolescentes son crueles”, “se van a reír de mí”, etc. Hoy, casi diez años después de ese intento, entendí que esos pensamientos se vuelven reales sólo si se les damos poder.

Cuando me mudé a Buenos Aires, a los 17 años, para “probar suerte” en el ingreso a la carrera de locución en ISER, tenía la certeza de que, en esa ciudad donde no conocería a nadie, empezaría a tomar clases de teatro.  Siempre me resultó más sencillo actuar con gente con la que no tenía ningún vínculo. Cualquier persona me diría que quien más me conoce, menos me juzgaría. Seguro tendría razón. Pero mi capacidad de juego y de entrega entendían lo contrario…
Cuando ingresé al ISER me anoté en el seminario de teatro y en el de radioteatro que se dictaban fuera de clase. A la vez, comencé clases de radioteatro en un espacio privado, donde, siguiendo con las ganas de crecer como locutora, algo comenzaba a captar más mi atención en relación a la actuación.
Seguí los años posteriores en la Compañía de Teatro del ISER y entrenando en otras escuelas, creyendo que hacía teatro sólo porque me ayudaría en mi interpretación, y por lo tanto, a ser mejor locutora.

En el 2015 se me presentó un gran desafío: un personaje que arriesgaba lo que siempre intenté ocultar -¡como si alguien pudiera!-, eso que el teatro nos interpela todo el tiempo: el cuerpo. Se llamaba Valentina y era prostituta. Cantaba y bailaba. Jamás le pegué a una nota. Me iba de cada ensayo frustrada. Pero, si seguía arriesgándome a todo eso, había un deseo más fuerte que me motivaba, mucho más que ser una buena locutora…

 

En el 2016 le di la mano a Ginette, una mujer loca por la estética. Qué hermoso desafío me presentaba el teatro: Julia, quien siempre deseó ocultar su cuerpo, ahora debía prestárselo a un personaje para que lo considere perfecto.
Y aparece lo mismo que en esas tres clases que mencioné al principio, los prejuicios: fuertes enemigos a los que vencer, pero sin olvidar que gracias a ellos crecemos. El problema no es cómo nos ven, el problema es cómo nos vemos. El problema es la necesidad de ocultar lo que no corresponde a lo que la sociedad nos exige, el miedo de no ser aceptados, de no pertenecer. Significa un obstáculo grandísimo a la hora de entregarse al increíble mundo del teatro. Un mundo que nos desafía, que nos pide repensarnos, reinventarnos, que nos invita a dejar la razón a un costado y a jugar.

Una tarde cerca del estreno de esa obra estudiaba para un parcial, ya recibida de locutora y hacía el CBC de Ciencias de la Comunicación en la UBA. “¿Qué hago haciendo esto si yo quiero ser actriz?” No rendí el parcial y no fui nunca más a cursar. “Tenés que asumir los riesgos de lo que querés ser”, me dijeron. Y esas frases no se olvidan…
“La vida es decidir y pretender”. No creo en “dejar que la vida me sorprenda”.  Decidí quitarle importancia a esos prejuicios y seguir trabajando por vencer otros. Yo decidí: “ser actriz”. Es mi búsqueda y pienso no llegar nunca a destino. Llegar significará dejar de plantearme objetivos por los que trabajar. Mi única llegada será que ese día no llegue jamás y renovar el deseo en cada entrenamiento, en cada ensayo, en cada función.

En el 2017 rendí el examen de ingreso a la Escuela Metropolitana de Arte Dramático y logré ingresar a la carrera de Profesorado de Teatro, donde descubro cada día la educación y el teatro como transformadores necesarios de la sociedad. También participé en la primera obra de la Compañía de Teatro de Pánico Escénico, una experiencia donde entendí la importancia del arte en el encuentro con el otro.

Gracias a mis compañeros y profesores. Gracias a las personas que me alentaron a tomar decisiones. Si todavía no decidiste quién querés ser, buscá algo que te motive a hacerlo. Siempre estás a tiempo.
Busqué el teatro para crecer como locutora. Pero fue distinto. Al teatro lo encontré para crecer como persona.


Julia Risso es actriz, locutora y actualmente está cursando el profesorado de teatro en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático. Son muchos los años que venimos compartiendo con ella, primero en la Compañía de Teatro del ISER y luego en la Compañía Pánico Escénico. En este momento además de ser parte de elenco, es una suerte de mentora dentro de la escuela y con sus valiosos aportes alienta y apoya a los alumnos con menos experiencia, y los ayuda a crecer de manera notable. 

One Comment

  1. Ina Urso
    Ene 20, 2018

    Julia, qué emoción leerte, cabe agregar que sos buena escritora también. No pude evitar recordarte, tan chiquita entrando a la pileta con tanta determinación. Soy fanática del teatro, me encantaría ir a verte alguna vez sobre el escenario, ¡¡mucha merde!! Ina

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