Más allá del miedo

Más allá del miedo

Más allá del miedo

Por Fati Soares

“Al sonido del silbato, puteen”, esa había sido la consigna. Puteé. Qué mal me sentí. Había sido agresiva con alguien que ni siquiera conocía. “Sigan caminando y al sonido del silbato, puteen en otro idioma”. No sé otro idioma, me da vergüenza. Suena el silbato y puteo en chino -de chica decía que sabía hablar este idioma y recordé las cosas que inventaba a los cinco años-. Me sentí un poco mejor.

La mayoría eran desconocidos. Excepto tres. Sólo tres caras familiares y muchas que no sabía ni su nombre. Ahí va el tercer juego: le toco el hombro a alguien y digo el nombre de un compañero. Difícil, pero divertido. Ya mi sonrisa iba asomando y me olvidaba por momentos del miedo a la exposición que sentía. Nos conocemos un poco más con cada uno, de dónde venimos, qué hacemos de nuestras vidas, por qué estamos ahí…

Todo marchaba bastante bien para una primera clase de teatro, pero hubo una frase que me dejó helada. Cuando estábamos saliendo del lugar (casi al pasar) Maiu, la profe, dijo que ya estaba pensando en cómo iba a ser la muestra. ¿¿¡¡MUESTRA??!! Ahí sentí lo que es el verdadero Pánico Escénico.

Me fui a casa. No podía dejar de pensar en el miedo que me dio putear a un desconocido y que tenía siete clases para hacer algo que no sabía qué era frente a muchos desconocidos. Llegué a casa, me duché y dormí.

Al lunes siguiente, vuelvo a teatro. Repetimos ejercicios y antes de irnos, hacemos una ronda para empezar a darle forma a lo que sería la -tan temida para mí- muestra. Maiu nos da tarea para el hogar. Era algo simple, pero complejo.

Pude cumplirlo. Y así llegó la tercera clase.

Pasó la cuarta.

En la quinta ya estaba todo resuelto, pero había que ensayar más.

Mi personaje era parecida a la cheta de Nordelta, pero sin ser cirujana. Eso sí, compartía sus códigos estéticos y visuales.

Ensayamos mucho en la sexta clase.

Llegó la séptima, pero hubo un problema: tenía que hacer horas extras en el trabajo y no pude asistir. Ahí, en el ante último encuentro, extrañé todo. Extrañé putear a alguien en chino, inventar escenas sin sentido e improvisar aunque sintiera que el corazón me iba a explotar.

Octava clase -o mejor dicho, encuentro-. Me puse mi vestuario. El maquillaje ayudaba a tapar mis ojeras por no haber dormido de la ansiedad. Nadie de mis allegados podía ir a verme. Eran todos, absolutamente todos, desconocidos.

Se prendieron las luces y estaba nerviosa, pero con compañeros que en siete clases me dieron la suficiente confianza para enfrentarme a esa sala llena.

Actué, sonreí, disfruté. Básicamente, jugué.

Y sí, el pánico escénico se fue.


Fati Soares es Locutora Integral de Radio y Televisión.

Trabajó en Radio Uno 103.1  y Estudio Playa 98.1. Además es la voz institucional de la Municipalidad de La Plata. 

Participó del Seminario de Teatro Otoño 2017, y nos compartió esta experiencia que será parte de su primer libro.

One Comment

  1. Matias Rebozov
    Feb 1, 2018

    Excelente redacción que deja en evidencia una vez más que la única forma de superar los miedos es justamente atravesándolos. Felicitaciones!

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