Nunca Es Tarde

Nunca Es Tarde

Nunca Es Tarde

Por Cristina Dramisino

 

Anoche fue noche de estreno. Es un hermoso momento para escribirles porque aún persiste esa emoción tan singular que los artistas conocemos bien. Es mi obra de teatro número 23 en CABA, desde que a fines de los 90 empecé el camino tortuoso, desafiante y deslumbrante del teatro independiente. “Y usted, ¿por qué hace teatro?”, me preguntó el taxista que me llevó ayer a la sala, con un calor rajante, y yo portando canasto, valijita y  con mis ruleros puestos, “Porque es una pasión inevitable” le contesté.

Yo creo que nunca me propuse nada fijo en la vida. Más bien, siempre pensaba en evitar “caer en el mal, Amén”. Pero hay personas que se cruzan en la vida de uno, que parecen que orientan el curso de las cosas. O es que uno ya es terreno fértil, así que ni bien nos tiran una semilla florece lo que venga.

En mi caso, a fines del 90, mi querido maestro Alezzo, vino  al Banco donde trabajaba a hacer no sé qué cosa, y charlamos un rato, y le dije que extrañaba mucho sus clases. O sea, haberme casado y mudado a Chascomús, y haber sido madre cuarentona, y seguir trabajando en un Banco, me quitaban posibilidad de agregar otra actividad: “Organícese, y venga. La espero”. Así me dijo. Y me organicé. Y gracias a marido, hijos, y amiga de Capital que me hospedaba, se orquestó ese circo de muchas pistas. Y se hizo compatible que asistiera al seminario de Alezzo, que integrara elencos que dirigía él mismo, o Lizardo Laphitz, y luego  otros directores.

Y fue así que cuando “me invitaron” a jubilarme del Banco donde había estado casi cuarenta años, ya estaba inmersa en esta profesión de locos, Mis ex colegas bancarios, me preguntaban: “Che, ¿se gana bien como actriz?” –“No.”, les decía yo, “No se gana bien. En guita. Pero hay otras recompensas que no tienen medida”. ¿Frase hecha?, puede ser. ¡Pero tan cierta!

Lo importante es la salud, vio. Ahí va otra frasecita. Pero es que cuando hay muchas décadas encima de uno… ¡Qué más bendición que tener buena salud!  Y poder sostener este ajetreo de ensayos, y de pruebas, y funciones, y varias a veces en un mismo día. Y estudiar, y buscar, y equivocarse y aprender…. ¡La buena salud!  Y algo más: en muchos momentos, parece que prevalece la herencia paterna que me legó el sentido del humor. Reírse de uno mismo, es tan saludable. Porque como en ningún otro ámbito, en el artístico, se logran lazos afectivos para trabajar juntos, que no ocurren en otras disciplinas profesionales. Los artistas nos necesitamos. Aprendemos a respetarnos. Y cuando la cosa funciona: hay tanto nivel de compromiso y entrega que son conmovedores.

Lo valoro y lo exalto, porque mi vida como profesional en las finanzas, como economista, fue muy intensa, interesante y la desarrollé con toda dedicación. Visto a la distancia, y pensando en mis comienzos laborales de fines de los sesenta, me pregunto ahora, si alguna vez me hubiera imaginado que casi cincuenta años después, iba a estar actuando en teatro.  Tal vez, esa chica de dieciocho años, que empezaba a trabajar, para parar la olla, dejaba atrás y postergaba un amor que ahora vivo plenamente. Si, desde chica en casa se respiraba teatro, y música, y danza. Mis viejos eran entusiastas lectores. Iban al teatro con asiduidad. Y hasta se habían conocido actuando, en un cuadro filo dramático… ¿Será que el arte se trae en la sangre?  No sé si tanto, pero el entorno ayuda… Era natural por aquellos años que a las niñas nos hicieran estudiar música o danzas. Y yo fui “a danzas clásicas”.  Me encantaba bailar. Esa era  mi vocación, le decía a mis padres, cuando ya las zapatillas estaban en el cajón de los recuerdos… Mi viejo decía,” hubieras sido buena bailarina.  Total, todo requiere voluntad, disciplina y esfuerzo”.  Implicando que eso es lo que estaba haciendo trabajando en un Banco.

Actuar, actué siempre. Si actuar es contar a otros los que uno vive y le cuentan, y las ganas de entretener, y comunicar. Y leer y relatar lo leído. Y ver una peli y de golpe, ser la que decía los versitos en la escuela. Y participar en cuanta escena u obra de teatro se preparara en la escuela. Y si, si es eso: actué desde siempre. Pero estudiar actuación y hacerlo con la seriedad y entrega que reclama este arte se lo debo al amigo-hermano de mi vida. Cuando ya pintaba para irremediable soltera, con más de treinta, ese amigo del alma me pasó el número de teléfono de Alezzo. Para que de una vez por todas, “hiciera algo por mí misma”. Estuvo genial al darme ese contacto. Cambió mi vida para siempre. Pero se equivocaba en cuanto a que, en esta disciplina, se hace todo por y con los otros. Es una labor conjunta tan excitante y conmovedora.

Otra conjunción inmensa, por la que estoy eternamente agradecida a Dios: mi casamiento con Eduardo Pertusi,  chascomunense músico y compositor. Que cobijó mi lado artístico, y lo apoyó. Y fue en el Teatro Brazzola de Chascomús, donde no paré de laburar desde aquellos años ochentas. El teatro se aprende haciendo teatro. No sólo actuando. Asistiendo. En la producción. Pintando trastos. Armando utilería. Vistiendo y desvistiendo actores en los cambios. Apuntando. Todo, todo hay que conocerlo. Y es mucho mejor saber hacerlo además.
Como se es en el escenario, se es en la vida. Hay personas extraordinarias que generosamente están al servicio de lo que demanda una producción teatral. Y hay de las otras, naturalmente. Afortunadamente sobran de las primeras. En estos quehaceres se cumple, lo de dar, siempre dar. Porque el retorno es infinito.

Tuvimos dos hijos con Eduardo. Pedro que es músico, profe y compositor.  Y Cecilia, publicista y actriz, con quien actuamos en una preciosa obra el año pasado. Y tal vez lo hará en el futuro, cuando pueda conciliar su labor de publicista con el arte. Nunca es tarde.

¿Podría hacer y disfrutar como disfruto esta etapa de mi vida, si no hubiera estado tanto tiempo trabajando de otra cosa? No sé…tal vez no. No lo sé. Sé que se pueden conciliar las diferentes actividades y que la pasión gana, y vale la pena el intento.

Desde 1983 hasta la fecha he transitado escenarios de todo tipo y color, tuve la suerte de que me dirigieran diferentes directores, hasta me gané premios. Pero lo más hermoso fue crear los personajes. Eso es algo que uno no puede explicar de dónde sale. He vivido tantas vidas en tantas obras de teatro…y las que espero seguir viviendo…   Un día, un amigo escritor, me preguntó qué pensaba de la muerte. Le contesté que es como si de golpe el telonero lanzara el telón de cierre de manera inesperada. Así de fascinante es la vida.  Mucha entrega, mucho compromiso, pasión y desinterés. No esperar nada. Dar. Ante la duda siempre dar. Tomarse en serio todo, menos a uno mismo.

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Cristina dramisino es economista, bailarina y actriz de cine, teatro y televisión. 

Supo volver a su vocación siendo madre y empresaria, y viajando todas las semanas desde el interior para seguir formándose en la escuela de Agustín Alezzo.

Es parte de innumerables obras de teatro al año. Acaba de estrenar «A la deriva» en el Camarín de las Musas, bajo la dirección de Jorge Azurmendi. Trabaja además en cine, televisión y pubicidad. Ha ganado los premios María Guerrero y Florencio Sánchez como mejor intérprete y es reconocida por su labor. 

Comments (2)

  1. Guillermo Christe
    Ene 27, 2018

    Hola Cris. Me alegra inmensamente tu trayectoria actoral. Siempre recuerdo nuestra práctica de la muerte de un viajante. Te mando un abrazo. Guillermo Christe

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