Paternidad, teatro y un nuevo paradigma.

Paternidad, teatro y un nuevo paradigma.

Paternidad, teatro y un nuevo paradigma.

Por Pablo Plandolit.

Soy el amo de casa. Mi mujer sale a trabajar a la mañana y vuelve a la tardecita, y a veces sigue cursando en la facultad hasta la noche. Yo me encargo de Oliverio. En la época del Jardín, le doy el desayuno, él me acompaña a todas partes, vamos a hacer las compras. Cocino, comemos, lo llevo al jardín. Él entra de una a cuatro. Ese es mi horario para correr atrás de los castings. Que, con suerte, puedo hacer dos si no hay mucha gente.  Después lo busco. La falta de trabajo o de continuidad,  hace que yo tenga más disponibilidad de tiempo y eso también es algo favorable.  No todos los padres pueden tener un seguimiento de tantas horas con los niños. Después en la casa me encargo de todo y manejo la economía familiar yo.  No siempre fue así. Antes trabajaba, he trabajado en mil cosas.

Mi nombre Pablo José García Plandolit, pero mi nombre artístico para economizar es Pablo Plandolit. Artístico, porque me dedico a la actuación. Tengo 42 años. Soy papá de Oliverio que tiene 4. Estoy en pareja con Marilina hace 12 años, y desde que su hijo, Ramiro, tiene 5; ahora está por cumplir 18. Soy de Coronel Suarez, provincia de buenos aires,  a 600km de acá.

Los inicios.

Mirando en retrospectiva, mi vida en el arte comenzó de muy chico. No lo había descubierto hasta los 25 años, y después de una búsqueda, bastante exhaustiva a nivel terapéutico, y después de pasar infinitas crisis existenciales. Fue una búsqueda bastante dura, porque después del colegio no sabía qué hacer. Me fui a La Plata a vivir. A trabajar en un principio, y con una guía del estudiante, buscando a ver qué carreras había. Estuve haciendo Ta Te Tí. Me metí en Económicas. Fui un paupérrimo estudiante durante 7años.  Si bien la economía es interesante, no me podía proyectar en el tiempo. De una carrera de 5 años había aprobado 3 años. Dejé, retomé y luego volví a dejar más conscientemente, haciendo terapia con una psicoanalista en La  Plata.

Fue definitoria una experiencia en la facultad en los últimos años antes de dejar. Tuve que pasar al pizarrón con un auditorio de 70 alumnos a escribir una distribución de frecuencias, y al subir a ese pequeño escenario y escribir con fibra en el pizarrón, me empezó a temblar la mano, me empezó a tomar el brazo, el cuerpo, las piernas. Yo tenía que escribir números y eran ilegibles. Me agarró Pánico Escénico, je. Y, como pude, terminé de hacer la distribución de frecuencias, y me senté y le pregunté a un compañero si se había dado cuenta de lo que había pasado y me dijo que no, que nadie se había dado cuenta. Y no lo podía creer.

Trabajándolo en terapia, a los días fui por una referencia a una profesora de teatro. Y en la entrevista, la profesora no había confiado  mucho que iba a volver yo, y a los 3 meses estábamos haciendo la muestra. Una obra de Alejandro Dolina.

Otra experiencia que me definió como actor, fue una entrevista que escuché a Lito Cruz. Él explicaba lo que es ser actor y me identifiqué con todo lo que él decía. Sentía que yo ya era eso. Y, habiendo empezado el taller allá,  me di cuenta de que era lo que yo quería hacer. Y me vine a vivir a Capital.

La profesión.

Me han pasado cosas en la profesión que recién ahora empiezo a tomar consciencia de para qué sucedieron, para qué me sirvieron cómo experiencia. Yo, durante años, no pude presentarme a  castings porque sentía que no estaba preparado. Entonces estudié un montón, me preparé.

El primer casting que me animé a hacer, (estaba muy nervioso), era una cosa simple: un médico que tenía que mirar una radiografía. Fui muy tenso pero muy enfocado. El día anterior, fui a ver un amigo que es médico y que trabajaba en una guardia. Me dijo que a las 6 de la mañana vaya. Me dio un guardapolvo y un estetoscopio. Fui con todo eso y quedé seleccionado para la publicidad. Eso es bastante improbable, quedar en un primer casting, pero quedé. Y grabé la publicidad, y todo lo que me generó el que me vean en la tele fue muy raro, mágico.

Lo cómico es que después pasó un año hasta que conseguí otra publicidad. Y, como en todo, uno se va acostumbrando. Tuve que hacer de camarero y cocinero mucho tiempo. También tuve una época en que empecé a trabajar en la tele en una tira, en Pol-ka. Yo no había hecho nunca un bolo y entré como personaje. Me costó adaptarme, me aturdía al momento de actuar: dónde pararme, el manejo con las cámaras, con los tiempos, con mis compañeros, con figuras, justamente como Lito Cruz. En esa tira también tuve la dicha de hacerme amigo de Pablo Cedrón.

Pablo Cedrón y “Romanos”.

Romanos es un proyecto que pablo tenía hacía unos años.  Cuando lo conocí en Pol-ka,  me propuso protagonizarlo con él y me contó de qué iba. Es una serie que en un principio iba a ser para la web,  que  después vimos la posibilidad de que sea para la tele. La tira gira en torno a dos personajes, Garda y Lionel, que se quedan sin empleo en un Buenos Aires apocalíptico del futuro.

Y en ese momento, uno busca trabajo en una especie de cajero automático. Uno  de esos cajeros los deriva a la asesoría creativa que funciona en lo que sería la Casa Rosada.

Esto lo grabamos en el 2013. En ese momento yo no entendía muy bien qué estábamos haciendo. El único actor desconocido soy yo, y tuve la suerte de que la generosidad de Pablo me integre para protagonizar (estaban Gabriel Goity, Gonzalo Urtizberea, Rafa Ferro, Alejandro Awada, Martín Lavini ).

Por falta de presupuesto, no podíamos grabar exteriores, entonces a Pablo se le ocurrió hacer una maqueta de una ciudad, con la base de sus cajitas de antidepresivos. Hicimos toda una ciudad. Cuando me convocó le dije que lo hacía gratis y le pregunté qué era lo que yo podía sumar. Y le dije, “Nunca hice manualidades y me siento en la obligación y lo quiero hacer”. Aprendí a hacer manualidades. Hicimos una ciudad en miniatura como de tres canchas de Ping Pong con la Casa Rosada.

Estos dos personajes van a la asesoría recreativa a ver qué es el empleo, y es un servicio que presta el estado de satisfacer las necesidades sexuales de la comunidad a nivel temático. Entonces,  cualquier afiliado, del gremio que fuere,  que esté afiliado a la mutual, pide personajes llámese León, o He-Man, o los Griegos o los Romamos,  a que los satisfagan sexualmente. Y estos tipos van a domicilio.

Lamentablemente Pablo no está más, para poder seguir con otras temporadas. Pero bueno, esto está escrito por él y tiene una mirada bastante crítica, que hoy se resignificó muchísimo después de los últimos años. Es un mundo bastante sórdido.

https://www.youtube.com/watch?v=-PpTL5Y_jcM

Actuar y la inseguridad económica.

Tuve unos años de asimilar esta cosa de la inseguridad económica y no saber. Pero también he tenido momentos mágicos de estar sin un mango y  de repente a la semana próxima estar en Europa grabando una publicidad o viajando a Uruguay a un hotel 5 estrellas, para grabar otra cosa.

Más o menos estoy curtido, en ese sentido. Lo que sí, yo digo que no trabajo pero sí mantengo constante es el trabajo de buscar trabajo. Todas las mañanas estoy mandando material a todos lados, tratando de renovar, tratando de perfeccionar, haciendo cursos. También tengo ganas de escribir. En algún momento pienso dar clases.  Dar clases en los colegios y tal vez dirigir.

El teatro como fuente motora de cambio.

Me parece que el arte a veces está prejuzgado como algo inútil. En mi opinión es una fuente motora de un cambio. Cualquier problemática que podamos tener como sociedad, esto lo digo como espectador, cuando estoy angustiado con algo que me molesta o que no puedo resolver, generalmente o busco una película que me exponga más en esa problemática, que me haga ver a través de ver un personaje, o de leer un libro, modificarme a mí. El arte puede ser totalmente revolucionario y sanador.  Desde el ámbito de la actuación me parece que puede sumar más que cualquier otra profesión.

Ser actor y papá.

En relación a Olivero, ser actor me dio muchas herramientas a nivel lúdico. Yo no tenía con mi viejo esa cosa de jugar. Me dio mucho conocimiento. Él me enseña a mí todo. Recobré el juego, me potenció a nivel actoral, todo lo que tiene que ver con el juego.  Tengo un conocimiento del cuerpo y de poder leerlo a Oliverio y ver lo que le pasa.

Ser amo de casa lo vivo naturalmente. No hubiese pensado hace veinte años estar más tiempo que la madre, y me pasa que cuando estamos los tres en casa o los cuatro y yo tengo que salir, Oliverio llora y se quiere ir con el padre.

También así como yo lo acompaño a él, él me acompaña a mí. Me acompaña a las audiciones y se porta bien y sabe a lo que vamos.  Ya ha hecho un casting. Yo no estoy muy de acuerdo, pero lo hizo porque iba a ser de padre e hijo. Lo vi funcionar como actor desde un lugar muy natural.

Cada vez que aparece una publicidad en la tele o hay algo mío al aire, Oliverio me llama con mucha emoción y orgullo para que vaya a verlo con él. Es un flash.

Es una tremenda oportunidad que tenemos con Oliverio de crecer juntos.

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